
La declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum en la mañanera, donde minimiza los envíos de hidrocarburos a Cuba al compararlos con administraciones anteriores —particularmente la de Enrique Peña Nieto— y los califica como una «cantidad mínima» o similar a lo histórico, merece un análisis objetivo basado en datos disponibles de fuentes oficiales y reportes independientes.
Sheinbaum ha argumentado que estos envíos forman parte de una cooperación histórica, que incluyen contratos comerciales y ayuda humanitaria, y que no representan un incremento significativo respecto a periodos previos. Mencionó explícitamente que durante el gobierno de Peña Nieto se enviaba petróleo a Cuba, e incluso que se condonó una parte sustantiva de deudas cubanas con Pemex (alrededor del 70% en 2013, según sus referencias).
Sin embargo, las cifras disponibles pintan un panorama distinto en términos de magnitud y evolución:
*Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), las exportaciones de productos petroleros a Cuba acumularon aproximadamente 141.8 millones de dólares (equivalentes a unos 2,300-2,500 millones de pesos al tipo de cambio de la época). Esto promedia alrededor de 23-25 millones de dólares por año, un flujo modesto y sin indicios de envíos masivos o subsidiados a gran escala.
*En contraste, bajo la administración actual (iniciada en octubre 2024, pero con énfasis en 2025), los datos del Banco de México indican que en 2025 las exportaciones de productos petroleros a Cuba alcanzaron 557.9 millones de dólares (cerca de 10 mil millones de pesos al tipo de cambio promedio). Otras investigaciones independientes, como las de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), reportan discrepancias: Pemex informó a la SEC de EU solo 400 millones de dólares entre enero y septiembre de 2025, pero registros aduanales mexicanos muestran envíos por más de 3,000 millones de dólares en periodos pico (mayo-agosto 2025), con un total anual que supera ampliamente lo histórico.
Esto representa un incremento sustancial —hasta cuatro veces más que todo el sexenio de Peña Nieto en un solo año— y posicionó a México como el principal proveedor de hidrocarburos para Cuba tras la reducción del suministro venezolano.
En cuanto al impacto financiero para México, los envíos no parecen ser operaciones puramente comerciales a precios de mercado. Muchos se canalizan a través de la filial Gasolinas Bienestar (creada en 2022), que reporta pérdidas millonarias —por ejemplo, deudas acumuladas de miles de millones de pesos y operaciones con subsidios implícitos o entregas gratuitas/bajo costo—. Estos flujos contribuyen al deterioro financiero de Pemex, ya la petrolera más endeudada del mundo, en un contexto de reservas en declive (estimadas para sostener producción solo unos años más pese a inversiones millonarias) y producción nacional estancada.
La comparación con Peña Nieto sirve como argumento de continuidad histórica, pero omite la escala actual: lo que antes era marginal se ha convertido en un flujo significativo que genera costos de oportunidad (crudo no refinado localmente o vendido a mejores precios), presiones diplomáticas (críticas de EU por posible evasión de sanciones) y una carga adicional para las finanzas públicas vía Pemex.






