
14 DE ENERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. La Organización Mundial de la Salud ha expresado una profunda preocupación tras la confirmación de que el gobierno estadounidense formalizará su salida de la institución. El director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que esta medida representa un riesgo significativo no solo para la nación norteamericana, sino para la estabilidad sanitaria de todo el planeta. Según el organismo, la ausencia de una de las potencias más grandes del mundo debilita la capacidad de respuesta ante futuras crisis y enfermedades que no respetan fronteras.
Esta situación se originó en enero de 2025, cuando el presidente Donald Trump firmó un decreto oficial apenas unas horas después de haber tomado posesión de su cargo. Desde entonces, se inició un proceso administrativo de un año de duración que está por concluir la próxima semana, marcando un distanciamiento histórico entre Washington y las Naciones Unidas. Para la agencia, este paso es un retroceso en los esfuerzos compartidos que se han mantenido durante décadas para erradicar padecimientos y mejorar la calidad de vida global.
El impacto en la seguridad sanitaria mundial
Desde la sede oficial en Ginebra, las autoridades de salud recalcaron que la seguridad de Estados Unidos se ve comprometida al dejar de colaborar con los expertos internacionales. El argumento principal es que ninguna nación, por poderosa que sea, puede enfrentar sola las amenazas biológicas modernas sin el intercambio de datos y tecnología que facilita la agencia. Al romperse este vínculo, se pierde un canal vital de información que permitía detectar brotes epidémicos de forma temprana antes de que se convirtieran en amenazas mayores.
Tedros Adhanom subrayó que la relación era de beneficio mutuo, donde Estados Unidos aportaba recursos y ciencia, mientras recibía a cambio vigilancia epidemiológica y protocolos de emergencia probados. El director lamentó profundamente la decisión, explicando que el país se beneficia de numerosas acciones preventivas que ahora quedarán fuera de su alcance directo. La postura de la agencia es clara: el aislamiento en temas de salud pública es una estrategia que pone en peligro a millones de ciudadanos de forma innecesaria.

Una pérdida de liderazgo para Estados Unidos
La salida definitiva implica que el gobierno estadounidense dejará de tener voz y voto en las asambleas donde se deciden las políticas sanitarias del futuro. Muchos analistas coinciden con la agencia en que esta es una pérdida para Estados Unidos, ya que su capacidad de influir en los estándares médicos mundiales se verá reducida drásticamente. Al retirarse, el país deja un vacío que otras naciones podrían ocupar, cambiando el equilibrio de poder en la gestión de programas de vacunación y control de medicamentos a nivel global.
Finalmente, el organismo internacional hizo un llamado a la reflexión, recordando que la colaboración científica siempre debe estar por encima de las diferencias políticas momentáneas. Aunque el proceso legal para que Estados Unidos abandone la organización termine la próxima semana, la puerta se mantiene abierta para futuros diálogos. La prioridad de la agencia seguirá siendo la protección de la vida humana, tratando de minimizar los daños que esta ruptura institucional pueda ocasionar en el corto y largo plazo para la población mundial.






