
13 ENERO 2026-INTERNACIONAL- El síndrome de La Habana volvió a colocarse en el centro del debate internacional luego de revelarse que el Departamento de Defensa de Estados Unidos adquirió y probó durante más de un año un dispositivo que podría estar relacionado con esta extraña condición médica. De acuerdo con información difundida por CNN, el artefacto fue comprado en una operación encubierta por millones de dólares en los últimos días del gobierno del presidente Joe Biden, lo que ha despertado nuevas preguntas sobre su origen, uso y posibles consecuencias.
Según fuentes cercanas al caso, el Pentágono sometió este dispositivo a pruebas controladas para evaluar sus efectos. Una de las personas consultadas indicó que el aparato es capaz de generar ondas de radio pulsadas, un detalle clave debido a que este tipo de emisiones ha sido mencionado en diversas teorías sobre el origen del síndrome de La Habana. Aunque no se ha confirmado que el dispositivo haya sido usado contra personas, su sola existencia reaviva la controversia.

El síndrome de La Habana recibe su nombre de los primeros casos detectados en 2016 entre diplomáticos estadounidenses destinados en la embajada de Estados Unidos en Cuba. En aquel momento, varios funcionarios reportaron síntomas repentinos y persistentes, lo que encendió las alertas dentro del gobierno norteamericano y dio inicio a investigaciones médicas y de inteligencia.
Con el paso del tiempo, los llamados casos de La Habana dejaron de limitarse a Cuba. Funcionarios estadounidenses reportaron afectaciones similares en países como China, Rusia, India, Colombia y varias naciones europeas, además de incidentes documentados dentro de Washington. Esta expansión geográfica alimentó la sospecha de un posible patrón internacional.

Las personas afectadas describieron haber escuchado sonidos agudos o zumbidos extraños antes de experimentar mareos, visión borrosa, dolores de cabeza, pérdida de memoria y dificultad para concentrarse. Estos síntomas llevaron a considerar la posibilidad de un ataque con algún tipo de tecnología avanzada, lo que colocó al síndrome de La Habana en el terreno de la seguridad nacional.
Pese a las sospechas iniciales, cinco de las siete agencias de inteligencia de Estados Unidos concluyeron que es muy poco probable que un actor extranjero esté detrás de los incidentes asociados al síndrome de La Habana. Sin embargo, otras dos agencias no descartaron por completo que las lesiones pudieran haber sido provocadas por algún tipo de arma de energía, lo que mantiene abiertas varias líneas de investigación.






