
12 DE ENERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aclaró este lunes que actualmente no existe ningún tipo de diálogo político con la administración de Donald Trump. Esta declaración surge como respuesta directa a las recientes advertencias del mandatario estadounidense, quien sugirió que la isla debería buscar un pacto con Washington «antes de que sea tarde». A través de sus redes sociales, el líder cubano enfatizó que, más allá de ciertos contactos técnicos necesarios en temas de migración, las comunicaciones oficiales entre ambos países son inexistentes.
Díaz-Canel subrayó que su gobierno siempre ha mostrado disposición para entablar un diálogo serio, pero bajo condiciones muy específicas de respeto. Para que ocurran conversaciones diplomáticas con Washington, Cuba exige que estas se basen en la igualdad soberana y el respeto mutuo, sin que exista injerencia en los asuntos internos de la isla. El mandatario insistió en que cualquier avance debe apoyarse en el Derecho Internacional y no en la hostilidad o la coerción económica que ha caracterizado la relación en los últimos tiempos.
Crisis energética y presiones políticas externas
La situación de la isla se ha vuelto sumamente compleja tras la reciente captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses. Venezuela ha sido, históricamente, el principal aliado comercial de Cuba y su mayor proveedor de petróleo para la generación eléctrica. Ante la pérdida de este suministro vital, Trump aseguró que pactar con su gobierno es la mejor opción para Cuba, llegando incluso a sugerir de forma polémica que su secretario de Estado, Marco Rubio, sería un buen candidato para presidir la nación caribeña.
Este escenario se agrava con el reporte de víctimas militares cubanas en Caracas durante la operación que capturó a Maduro. El gobierno de la isla confirmó que 32 de sus efectivos perdieron la vida en dicho evento, ya que se encontraban en Venezuela como parte de acuerdos de seguridad bilateral. Para Díaz-Canel, estas acciones demuestran que, en lugar de buscar acuerdos bilaterales con el gobierno de Trump, la potencia del norte prefiere mantener una postura de amenaza que dificulta cualquier resolución pacífica de las diferencias históricas entre ambas naciones.
El impacto económico y el desafío migratorio
Cuba atraviesa hoy una de las crisis más profundas de su historia reciente, con pérdidas económicas estimadas en 7,500 millones de dólares en el último año. Los ingresos por turismo, que solían ser el motor del país, no han logrado recuperarse a los niveles previos a la pandemia, lo que ha generado una escasez de recursos dramática. Esta asfixia económica ha provocado una ola migratoria masiva, mientras que las gestiones oficiales entre Cuba y EE. UU. se limitan exclusivamente a coordinar temas fronterizos y cumplir escrupulosamente los tratados de migración vigentes.
La hostilidad actual y el cierre de fronteras por parte de la administración Trump han limitado las prebendas que los cubanos tenían anteriormente como exiliados. Díaz-Canel sostiene que el progreso en las relaciones solo será posible si Estados Unidos abandona la táctica de presión extrema que busca un cambio de modelo político en la isla. Mientras tanto, el gobierno cubano se mantiene firme en su postura de defensa de la independencia nacional, rechazando lo que consideran chantajes políticos en un momento de vulnerabilidad energética y financiera sin precedentes.






