
12 DE ENERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. La situación social y política en territorio iraní ha alcanzado un punto crítico tras semanas de intensos enfrentamientos. Según el grupo de derechos humanos HRANA, el número de víctimas mortales ha superado las 500 personas en lo que se considera una de las oleadas de manifestaciones más grandes de los últimos años. Esta crisis se ha visto agravada por una respuesta sumamente violenta de las autoridades, quienes intentan frenar el avance de los ciudadanos en las calles mediante el uso de la fuerza pública y restricciones severas.
El reporte detallado indica que, de la cifra total, 490 corresponden a civiles que participaban en las movilizaciones, mientras que 48 son miembros de las fuerzas de seguridad del Estado. Además de las pérdidas humanas, se estima que más de 10 mil 600 personas han sido arrestadas en un periodo de apenas dos semanas. Este volumen de detenciones refleja la magnitud de las manifestaciones iraníes, las cuales se han extendido por diversas provincias del país a pesar de los riesgos que implica alzar la voz contra el gobierno.
Tensión diplomática y amenazas de guerra
Mientras el conflicto interno se intensifica, el panorama internacional también se ha vuelto sumamente peligroso. El gobierno de Teherán ha dirigido advertencias directas hacia Washington e Israel, asegurando que cualquier intervención externa será respondida con dureza. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, fue claro al señalar que no permitirán injerencias. En este sentido, los disturbios en territorio iraní han servido de escenario para que las autoridades locales marquen una postura defensiva agresiva ante el mundo.
Qalibaf advirtió específicamente sobre los posibles «errores de cálculo» que podrían cometer las potencias extranjeras. Según sus declaraciones, si Irán llega a sufrir un ataque militar motivado por la inestabilidad interna, las bases y embarcaciones de Estados Unidos en la región pasarán a ser blancos de combate. Esta retórica vincula directamente el desenlace de las revueltas en Irán con la seguridad global, poniendo en alerta a las fuerzas desplegadas en el Medio Oriente ante una posible escalada del conflicto armado.
Silencio oficial y dificultades de verificación
A pesar de las impactantes cifras publicadas por los activistas, el gobierno iraní ha optado por no presentar un balance oficial de daños o víctimas. Esta falta de transparencia dificulta que las agencias internacionales puedan confirmar de manera independiente el número exacto de fallecidos y heridos. Sin embargo, los reportes que logran salir del país describen un escenario de caos donde las movilizaciones sociales en Irán son reprimidas con tácticas que incluyen el corte de comunicaciones y el uso de armamento letal.
El papel de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA) ha sido fundamental para dar visibilidad a lo que ocurre detrás del bloqueo informativo. Gracias a la información recopilada por redes de activistas dentro y fuera del país, el mundo ha podido conocer la gravedad de los enfrentamientos en Irán. Sin una solución diplomática a la vista y con un aumento en las amenazas militares, la población civil queda atrapada en medio de una lucha por el poder y la exigencia de derechos fundamentales que no parece ceder.






