
9 DE ENERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. El régimen de Irán enfrenta este viernes un escenario de alta tensión con una nueva serie de movilizaciones en diversas ciudades, motivadas por el colapso económico y la caída del nivel de vida de la población. Las autoridades han respondido con un bloqueo casi total de las comunicaciones digitales que inició la noche del jueves, dejando al país prácticamente aislado del mundo exterior. Según la organización NetBlocks, la conectividad ha caído al uno por ciento de sus niveles normales, lo que impide conocer con precisión el alcance actual de las manifestaciones y la respuesta de las fuerzas de seguridad.
Este apagón informativo ocurre justo después de que Reza Pahlevi, hijo del último sah de Irán, hiciera un llamado a la unidad nacional para exigir cambios profundos en el sistema. Pahlevi instó a los ciudadanos a tomar las calles de forma organizada, al tiempo que denunció que el bloqueo informativo en Irán tiene como único objetivo encubrir la brutalidad de las fuerzas del orden. Hasta la fecha, diversas organizaciones civiles calculan que más de una semana de enfrentamientos ha dejado un saldo trágico de al menos 30 personas fallecidas y más de 2.000 detenidos en todo el territorio.
El papel de la comunidad internacional y la presión externa
El heredero al trono en el exilio agradeció públicamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por su postura firme contra el régimen de Teherán. Trump ha advertido recientemente que el uso de la fuerza letal contra civiles tendrá consecuencias devastadoras, utilizando un lenguaje directo para advertir sobre posibles represalias militares. Por su parte, Pahlevi solicitó a los líderes de Europa que abandonen su silencio y utilicen recursos técnicos para ayudar a restablecer la red, evitando que la censura digital iraní logre silenciar las voces de sus compatriotas en este momento crítico.

La situación se ha agravado debido a la devaluación histórica del rial y el impacto de las sanciones internacionales, que han asfixiado la economía de millones de familias. A esto se suma la tensión militar generada por los recientes bombardeos contra el programa nuclear iraní, que el año pasado causaron una gran cantidad de bajas. En este contexto, la interrupción del servicio web en territorio iraní se interpreta como una medida desesperada de la teocracia para evitar que la indignación popular se coordine a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería.
Postura oficial y acusaciones de injerencia extranjera
Desde el interior del gobierno, el presidente Masud Pezeshkian ha dado instrucciones de no reprimir las protestas que se realicen de manera pacífica, reconociendo la validez del reclamo por los altos precios. Sin embargo, el vicepresidente Mohamad Yafar Gaempaná aclaró que se actuará con rigor contra quienes participen en lo que ellos califican como «disturbios». Las autoridades buscan marcar una línea divisoria entre el descontento ciudadano genuino y los actos de violencia, mientras intentan estabilizar el mercado y castigar a quienes provocan la escasez de bienes básicos.
Por otro lado, el Ministerio de Exteriores de Irán ha señalado directamente a Israel y a funcionarios de Estados Unidos de incitar al terrorismo y a la división interna. Teherán sostiene que las protestas están siendo manipuladas por agentes externos para desestabilizar la nación en medio de un panorama regional ya de por sí volátil. A pesar de estas acusaciones, el descontento sigue latente y el mantenimiento de la desconexión de red en Irán sugiere que el gobierno aún no siente tener el control total sobre la situación en las calles de las principales ciudades.






