
6 ENERO 2026-INTERNACIONAL- La historia de Eva Schloss vuelve a ocupar un lugar central en la memoria colectiva tras confirmarse su fallecimiento a los 96 años. Sobreviviente del Holocausto, educadora y activista incansable, su vida estuvo marcada por una experiencia extrema que transformó en un mensaje constante contra el odio, el racismo y la intolerancia. Su muerte fue anunciada por la fundación que ella misma cofundó, dedicada a preservar la memoria histórica y educar a nuevas generaciones.
De acuerdo con la Anne Frank Trust UK, Eva Schloss fue una figura clave en la enseñanza sobre el Holocausto, no solo por su testimonio personal, sino por su capacidad de explicar el pasado de forma clara y humana. La organización destacó su compromiso con la paz y la comprensión, valores que defendió durante décadas en aulas, foros y espacios públicos. Su impacto trascendió fronteras y generaciones.
El reconocimiento a Schloss también llegó desde la realeza británica. El rey Carlos III expresó públicamente su pesar por la pérdida, resaltando que, pese a los horrores que vivió en su juventud, dedicó su vida a promover la bondad y la resiliencia.

Eva Schloss nació en 1929 en Viena, Austria, y al igual que la familia Frank, huyó con los suyos a Ámsterdam para escapar del régimen nazi. Fue ahí donde ambas familias se conocieron y donde Eva y Ana Frank coincidieron en su infancia, aunque no desarrollaron una amistad cercana. Años después, esa coincidencia marcaría la manera en que el mundo conocería su historia.
En 1942, la familia de Schloss se escondió el mismo día que los Frank, permaneciendo oculta durante dos años. Sin embargo, en 1944 fueron traicionados y enviados al campo de exterminio de Auschwitz. Ahí, Eva perdió a su padre y a su hermano, quedando solo ella y su madre como sobrevivientes. Este episodio definió el resto de su vida y su compromiso con la memoria.

Tras el final de la guerra, la madre de Eva Schloss se reencontró con Otto Frank, el padre de Ana, y ambos se casaron, convirtiendo a Eva en la hermanastra póstuma de Ana Frank. Este vínculo familiar reforzó aún más su papel como testigo directo de una de las tragedias más oscuras del siglo XX.
Durante muchos años, Schloss evitó hablar públicamente de su experiencia. No fue sino hasta 1988, tras una exposición dedicada a Ana Frank en Londres, cuando decidió compartir su testimonio.






