
Un devastador incendio se desató el pasado 26 de noviembre de 2025 en el complejo residencial Wang Fuk Court, ubicado en el distrito Tai Po de Hong Kong, uno de los conjuntos de torres más grandes y densamente poblados de la ciudad. El fuego afectó siete de los ocho edificios, envolviendo en llamas decenas de pisos, mientras la estructura estaba parcialmente cubierta con andamios de bambú y materiales de protección utilizados en renovaciones. La velocidad con la que se propagaron las llamas sorprendió incluso a los bomberos más experimentados, y en cuestión de minutos, el edificio se convirtió en un verdadero infierno.
Las autoridades han confirmado hasta el momento 128 muertos, mientras que más de 150 personas continúan desaparecidas y decenas han resultado heridas. Los residentes que lograron escapar fueron trasladados a refugios temporales, mientras que equipos de rescate y bomberos continuaron durante horas la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros y pisos afectados. La tragedia se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad de los edificios residenciales en Hong Kong y la falta de protocolos de seguridad adecuados. Además, al menos 11 personas han sido detenidas, incluyendo personal de la empresa encargada de las obras de renovación, bajo cargos de negligencia, homicidio y uso de materiales peligrosos que habrían contribuido a la propagación del incendio.
Las primeras investigaciones sugieren que el incendio comenzó en la red de protección de los andamios, y se propagó de manera rápida debido a los materiales inflamables que recubrían la fachada de los edificios. Vecinos relataron que días antes del incidente habían percibido olores extraños y humo leve, lo que indica que la emergencia podría haberse prevenido si se hubieran atendido las alertas. Por si fuera poco, las alarmas de incendio del complejo aparentemente no funcionaron a tiempo, lo que dificultó la evacuación y convirtió al edificio en una trampa mortal para muchas familias. La combinación de materiales combustibles, andamiaje de bambú y fallas en los sistemas de alerta evidenció graves negligencias en la seguridad estructural del conjunto.
El impacto de este desastre se extiende más allá de Hong Kong. El gobierno chino ha anunciado una inspección nacional de seguridad en edificios altos y complejos residenciales, con el objetivo de revisar los materiales de construcción, las rutas de evacuación y el cumplimiento de normas ante renovaciones o remodelaciones. La tragedia ha generado un intenso debate sobre la seguridad edilicia, el uso del andamiaje tradicional de bambú y las prácticas de remodelación inseguras, especialmente en zonas densamente pobladas, donde un incendio puede propagarse con rapidez y poner en riesgo a miles de personas.
Para las familias afectadas, las consecuencias son devastadoras. Más allá de la pérdida de vidas humanas, muchas personas han perdido sus hogares y pertenencias, enfrentándose a una crisis humanitaria inmediata. Los refugios improvisados y la incertidumbre sobre el paradero de los desaparecidos sumen a los sobrevivientes en un estado de trauma colectivo que probablemente tardará años en superarse. A nivel social, la tragedia ha expuesto la falta de regulación y supervisión en la construcción y renovación de edificios residenciales, así como la necesidad urgente de establecer protocolos de emergencia efectivos y garantizar que los sistemas de alarma y seguridad funcionen correctamente.







