
Barcelona, España, 9 de junio de 2026.- La emblemática Sagrada Familia de Barcelona alcanzó su altura definitiva de 172.5 metros con la instalación de la Torre de Jesucristo, el último gran elemento estructural de la basílica tras más de 144 años de construcción.
Retrasada por conflictos bélicos, problemas financieros y circunstancias políticas, la basílica más alta del mundo se acerca a su culminación. La Torre de Jesucristo, instalada en febrero, fue diseñada para reflejar la luz del sol durante el día y brillar en el horizonte nocturno, tal como lo había imaginado Antoni Gaudí, el arquitecto visionario del templo.
Este miércoles, el papa León XIV, el undécimo pontífice desde el inicio de las obras, encabezará una misa solemne y bendecirá la torre número 18. La inauguración coincide con el centenario de la muerte de Gaudí, quien no vivió para ver terminada su obra más emblemática.
Sagrada Familia: un desafío entre historia y modernidad
La cruz que corona la torre pesa alrededor de 100 toneladas y tiene la altura de un edificio de cinco pisos. Mauricio Cortés, arquitecto responsable de la obra, explicó que combinar la visión original de Gaudí con las exigencias actuales de ingeniería implicó un delicado equilibrio entre tradición y tecnología.
La basílica, además de ser un símbolo religioso, es un monumento a la artesanía, la geometría y la naturaleza, reflejando el dominio de Gaudí en la ingeniería compleja.
Retos y controversias en la finalización del templo
La financiación, basada exclusivamente en donaciones y entradas turísticas, sufrió un fuerte impacto durante la pandemia de covid-19, aunque el turismo ha mostrado una recuperación significativa con cerca de cinco millones de visitantes en 2025. A pesar de la instalación de la torre, la Sagrada Familia aún no está concluida, ya que quedan pendientes trabajos interiores y la construcción de la fachada de la Gloria.
Esta última fase ha generado tensiones con los residentes locales debido a la propuesta de una escalinata monumental que conectaría la basílica con la calle. La obra implicaría la posible demolición de edificios frente al templo, lo que ha causado preocupación entre vecinos y comerciantes, quienes demandan mayor claridad sobre el proyecto y su cronograma.
Salvador Barroso, presidente de una asociación vecinal, señaló que aún no hay acuerdos definitivos con las autoridades municipales y que la visita papal ha incrementado la presión en la zona. La Sagrada Familia continúa siendo un símbolo en construcción, con un futuro que aún genera incertidumbre para quienes viven bajo su sombra.
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