
El año 2025 dejó un vuelco ideopolítico vertiginoso en América Latina, marcado por el fortalecimiento de las derechas radicales y una profunda crisis de representación de las fuerzas progresistas. El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, en enero de este año, no solo reconfiguró la política interna de su país, sino que impactó de manera directa en el rumbo político del continente.
Dos titulares podrían sintetizar el año: “la derecha radical salió de la botella” y “la izquierda perdió las perspectivas”. Lejos de sufrir derrotas ajustadas o circunstanciales, la izquierda latinoamericana enfrentó reveses contundentes, evidenciando una ruptura con las mayorías populares y una creciente incapacidad para interpretar las nuevas demandas sociales.
En países como Argentina, Bolivia, Ecuador, Honduras y Chile, los movimientos progresistas no solo perdieron elecciones, sino que fueron desplazados por derechas sin complejos ideológicos, que abandonaron el centro político y optaron por discursos duros, directos y radicalizados. A diferencia de ciclos anteriores, las clases populares —tradicionales bases del progresismo— optaron mayoritariamente por opciones conservadoras, incluso de corte ultraderechista.
Un nuevo ciclo derechista
Este avance no puede entenderse únicamente como un fenómeno pendular. El nuevo trumpismo, más radical y con una estrategia de seguridad nacional definida, ha redefinido la relación de Washington con la región, pasando de ser “policía del mundo” a actuar como “capataz de América”. Las derechas latinoamericanas interpretaron rápidamente este escenario y redoblaron su ofensiva política y electoral.
Los ejemplos se repiten en la región:
- En Chile, la ultraderecha logró una victoria aplastante, legitimando electoralmente un discurso pinochetista.
- En Argentina, el peronismo sufrió una dura derrota en las elecciones de medio término, mientras Javier Milei salió fortalecido y lidera las encuestas rumbo a su reelección.
- En Ecuador, el correísmo encadenó su tercera derrota presidencial consecutiva, con una diferencia histórica del 11 %.
- En Honduras, el oficialismo de izquierda quedó relegado con apenas el 19 % de los votos.
- En Bolivia, la izquierda fragmentada no logró siquiera acceder a la segunda vuelta, poniendo fin a dos décadas de hegemonía.
El extravío de la izquierda
Más allá de los resultados electorales, el mayor problema de la izquierda es su desorientación política y discursiva. En un contexto de creciente presión geopolítica y militar sobre la región, el progresismo aparece dividido, desgastado y desconectado de las preocupaciones cotidianas de la población.






