
El líder de la República Popular Democrática de Corea del Norte, Kim Jong-un, lanzó una de sus advertencias más fuertes hasta ahora: afirmó que su país, como potencia nuclear, podría destruir totalmente a Corea del Sur si considera que su seguridad está en riesgo. La declaración se dio tras la clausura del IX Congreso del Partido de los Trabajadores, consolidando una postura hostil que rechaza el diálogo intercoreano y pone en vilo la estabilidad en la región.
Durante su discurso en Pyongyang, Kim enfatizó que Corea del Norte posee armas nucleares y capacidades militares que permitirían una respuesta “inmediata y contundente” ante cualquier amenaza percibida, lo cual incluye la posibilidad de “destruir por completo” al Sur si las tensiones escalan.
Además, calificó a Corea del Sur como un “enemigo permanente” y ridiculizó las iniciativas conciliatorias del presidente surcoreano, afirmando que no hay motivos para entablar negociaciones directas con Seúl
Aunque su postura con respecto a Seúl sigue siendo intransigente, Kim dejó abierta una posibilidad de diálogo con Estados Unidos, condicionada a que ese país abandone lo que Pyongyang considera una “política hostil”. Esta ambivalencia sugiere que aún hay canales diplomáticos que podrían reactivarse bajo ciertas condiciones.
Las advertencias nucleares norcoreanas no son nuevas, pero su tono y claridad aumentan la preocupación internacional. En la práctica, expertos coinciden en que este tipo de declaraciones busca tanto reafirmar el poderío militar de Pyongyang como influir en negociaciones globales, aunque no necesariamente anticipan un conflicto abierto inmediato.
La península coreana ya vive ejercicios militares conjuntos entre Corea del Sur y Estados Unidos, diseñados para reforzar defensas frente a posibles amenazas norcoreanas. Estos simulacros suelen ser respondidos por Pyongyang con críticas y advertencias, profundizando la tensión.

