4 DE FEBRERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. Este martes, el mundo recibió la noticia de que el hijo del ex líder libio fue asesinado a tiros en la ciudad montañosa de Zintan, al oeste del país. Saif al-Islam Gadafi, de 53 años, vivía en esa localidad desde hacía más de diez años tras los conflictos que cambiaron el rumbo de su nación. Las circunstancias exactas del ataque aún no han sido aclaradas por las autoridades, pero la cadena Al Jazeera confirmó el deceso a través de sus corresponsales en la zona.

Abdullah Othman, quien fuera asesor del político fallecido, ratificó la muerte de quien alguna vez fue el descendiente de Muamar Gadafi, aunque evitó dar detalles sobre quiénes pudieron ser los responsables. Hasta el momento, el gobierno de Libia ha guardado silencio y no ha emitido comentarios públicos sobre este crimen que elimina a una de las figuras más polémicas del pasado régimen. El ataque ocurrió en una zona de difícil acceso, lo que ha complicado la llegada de información oficial sobre el móvil del asesinato.
Un perfil marcado por el poder y la guerra
Durante mucho tiempo, Saif al-Islam fue considerado el heredero natural del poder y la segunda figura con más peso en el gobierno antes de la caída de su padre en 2011. A diferencia de otros familiares, el sucesor de Gadafi contaba con una educación en Occidente, incluyendo un doctorado en una prestigiosa escuela de Londres. En sus mejores años, intentó mostrar una cara más moderna de Libia ante Europa y Estados Unidos, buscando limpiar la imagen de la administración ante la comunidad internacional.
Sin embargo, su destino cambió radicalmente durante el levantamiento popular de 2011, cuando tomó un papel central en la defensa del régimen familiar. El heredero del coronel Gadafi advirtió en aquel entonces que lucharían hasta la última bala y que el país se hundiría en la inestabilidad por décadas si el gobierno colapsaba. Sus palabras resultaron amargas y proféticas, pues desde la caída de Trípoli, la nación no ha logrado encontrar una paz duradera ni una unión política sólida.

Juicios y vida en la clandestinidad
El historial legal del fallecido estaba lleno de acusaciones graves, incluyendo tortura y violencia contra quienes se oponían al mando de su familia. Por estas razones, el miembro de la familia Gadafi era buscado por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes contra la humanidad y contaba con sanciones de las Naciones Unidas. En 2015, incluso fue condenado a muerte por un tribunal local, aunque esa sentencia nunca se ejecutó debido a que permanecía bajo la protección de grupos en Zintan.
Tras recibir un indulto en 2017, pasó los últimos años de su vida viviendo de manera discreta y con muy pocos contactos con el mundo exterior. A pesar de su bajo perfil, su presencia en suelo libio seguía siendo un símbolo de división para muchos sectores de la sociedad. Con su muerte, se cierra uno de los capítulos más largos de la historia política reciente de Libia, dejando un vacío de información sobre qué pasará con los seguidores que aún veían en el hijo del fallecido líder una posibilidad de retorno al pasado.
El misterio del «Tesoro de los Gadafi»






