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El impacto al James Webb, una señal de aviso

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La semana pasada, después de mucho tiempo de espera, finalmente pudimos ver las primeras imágenes finales capturadas por el James Webb, la obra maestra de la ingeniería que, tras múltiples retrasos e incrementos en su presupuesto, ya se encuentra en el punto Lagrange L2, en el que se espera que pase el resto de su vida útil, calculada inicialmente en alrededor de dos décadas, pero que puede verse reducida o ampliada en función de un sinfín de circunstancias.

Como ya te contamos al repasar el pasado, presente y futuro del James Webb, el telescopio sufrió el impacto de un meteoroide a finales de mayo, concretamente entre el 22 y el 24 de dicho mes. Aunque dicho evento hizo que muchos de los participantes en la misión contuvieran la respiración, las primeras informaciones que se emitieron al respecto no restaron importancia al incidente, pero nos confirmaron que los daños eran asumibles y que el telescopio podría seguir adelante con sus planes.

Según el análisis llevado a cabo desde entonces, se ha determinado que el impacto supero las previsiones del daño que podría causar un solo micrometeoroide. Ya sea por su tamaño, por su velocidad o por la resistencia calculada para los componentes  del James Webb, esto es una importante señal, que ha llevado al equipo del telescopio espacial a trabajar en la búsqueda de los medios necesarios para intentar predecir y mitigar posibles impactos futuros.

El impacto al James Webb, una señal de aviso

El meteoroide impactó en el segmento C3 del espejo, compuesto de 18 espejos hexagonales y, según las comprobaciones llevadas a cabo posteriormente, la calidad óptica de dicho segmento ha disminuido significativamente con respecto a las pruebas realizadas al mismo antes de que el James Webb abandonara nuestro planeta. Esto, con los otros 17 espejos en sus condiciones actuales no plantea un problema serio, como se puede deducir viendo las imágenes de la semana pasada, pero sí que nos pone sobre alerta de los riesgos existentes.

Los impactos de meteoroides eran algo previsto desde el primer momento de la misión y, de hecho, con el del 22-24 de mayo, el James Webb ya habría recibido un total de cinco, cuatro de los cuales no habrían tenido incidencia alguna en los instrumentos y el funcionamiento del telescopio. El problema es que con más impactos como el crítico, el ritmo de degradación del James Webb podría ser mayor del previsto inicialmente, acortando de este modo su vida útil.

Así pues, la detección precoz de objetos que puedan colisionar con el James Webb pasa a ser una tarea fundamental en la operativa del telescopio. Un cometido singularmente complejo, pero imprescindible si se quiere garantizar que sea capaz de ofrecernos capturas únicas durante, al menos, dos décadas.

 

Con información de Gizmodo

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