alx abdalx saleh.jpg 659879383El expresidente yemení, Alí Abdalá Saleh, cuya muerte fue anunciada este lunes, era un temible estratega que gobernó Yemen durante 33 años e intentó sin descanso tomar su revancha tras su expulsión del poder en 2012.

Su última alianza, sellada en 2014 con los rebeldes chiitas hutíes para dañar la autoridad de su sucesor, Abd Rabo Mansur Hadi, tuvo consecuencias funestas para él.

Ironías del destino, Saleh, de 75 años, miembro de la minoría zaidita de la que proceden los hutíes, había combatido contra estos durante más de seis años, entre 2004 y 2010, cuando era presidente.

La toma de la capital, Saná, en septiembre de 2014 y los avances posteriores de los hutíes en el resto de Yemen no habrían sido posibles sin la participación activa de unidades militares leales a Saleh, que disponía además de poderosos contactos en la administración, consideran los expertos.

Pero, después de tres años de cooperación, sus partidarios y los hutíes se enfrentaron la semana pasada en la capital. La crisis por el control de las finanzas y el reparto del poder, agravada por sospechas de contactos secretos entre el expresidente y Riad, originaron el conflicto en el seno del bando rebelde.

Saleh, un exoficial del ejército, fue elegido presidente de Yemen del Norte en 1978 y se convirtió en 1990 en uno de los artífices de la unificación con el sur, que fue mucho tiempo socialista.

Un documento desclasificado de la CIA, fechado el 18 de junio de 1990, indica que, aunque fracase la unión entre el norte y el sur de Yemen, "Saleh conservará probablemente su dominio sobre el poder".

En 1994, el difunto líder aplastó un intento de secesión sudista.

Su longevidad en el poder acabó en febrero de 2012 cuando cedió de mala gana el testigo al vicepresidente Hadi tras un año de protestas populares, a raíz de la Primavera Árabe.

En el acuerdo que permitió su marcha, elaborado por las monarquías árabes del Golfo, se le garantizó la inmunidad a su familia y a él.

En junio de 2011, había resultado gravemente herido en un misterioso atentado en su palacio y había pasado varios meses en Arabia Saudita para recibir cuidados médicos.

RECHAZO AL EXILIO 

Después de 2012, el expresidente se negó a exiliarse y permaneció al frente de su partido, el Congreso Popular General (CPG), al que también pertenece su sucesor.

Para el investigador francés Laurent Bonnefoy, Saleh quería "conservar su capacidad de ser dañino y su poder, en particular la posibilidad de que su hijo Ahmed Ali, residente en los Emiratos Árabes Unidos, surgiera como alternativa política".

Un consejero del presidente Hadi lo calificaba de "tirano". Los hutíes "son marionetas en manos de Saleh, que utiliza como utiliza a Al Qaida", afirmó en una ocasión ese asesor, Yasin Makkawi.

El exmandatario fue un socio muy cercano de Estados Unidos en la lucha contra Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA), considerada por Washington como la rama más peligrosa de la red yihadista.

Un informe de expertos entregado en febrero de 2015 al Consejo de Seguridad de la ONU indicó que Saleh había acumulado gracias a la corrupción una fortuna de entre 32,000 y 60,000 millones de dólares, en un país que es uno de los más pobres del mundo árabe.

La ONU le impuso sanciones como la congelación de sus activos y la prohibición de viajar.

MR. Poppy
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