5ab0002296227Abrumado, resignado, aturdido. Así se mostró Lionel Messi en su solitaria y rápida caminata al vestuario después del histórico 0-3 frente a Croacia.

Leo es la bandera, el símbolo, la última esperanza. Y lógicamente también es la imagen de la derrota, de la desazón, de la sensación de eliminación aunque todavía haya que jugar un partido en Rusia 2018.

Lionel es el capitán, el dueño del equipo. Por eso llamó poderosamente la atención que haya abandonado el campo antes que todos, sin esperar a sus compañeros en una señal de unidad.

Messi es el 10 y el mejor del mundo, lo que no quita que haya jugado uno de sus peores partidos con la celeste y blanca en Nizhni Novgorod. Apagado, perdido, sin capacidad de resolución. En el 1º tiempo tocó la pelota apenas 20 veces, menos que el arquero Caballero (22). Sólo un remate en todo el partido y que no llegó al arco.

Con el que más se asoció fue con Enzo Pérez (8 pases) en el centro del campo. Con Agüero, el 9 titular, apenas una vez. El 71% del partido recorrió entre 0 y 7 kilómetros por hora. Está claro que muchas veces camina y flota para encontrar espacios y explotar en velocidad. Esta vez no sucedió.

¿Disconforme con el sistema táctico y la elección de jugadores? Puede ser. ¿Confundido con tantos cambios del entrenador? Tal vez. ¿Sin socios para desarrollar lo que mejor sabe hacer? Es muy probable. Lo concreto es que nunca mostró un atisbo de rebeldía. Y aunque no es el único responsable, se sabe que es el imán que contagia al resto. Por eso su penal fallado ante Islandia en el debut repercutió tan negativamente en el equipo.

Los hinchas cantan “volveremo’ a ser campeones, de la mano de Lionel…” y “Que de la mano, de Leo Messi..,”. Hasta el propio Sampaoli dice hasta el cansancio que “es la Argentina de Messi, no la mía”. Y la cabeza también juega...

No es fácil ser Messi. Se le analiza cada gesto, cada paso que da. Después del partido se viralizó su gesto adusto durante el himno. Durante toda la semana se habló de supuestos problemas familiares. Por más concentrado que esté en el bunker de Bronnitsy, los rumores llegan y golpean. Incluso intentan minimizarlo por el gran torneo que está teniendo Cristiano Ronaldo.

Además, al chico que sólo quiere jugar a la pelota le cargaron una mochila que nunca estuvo dispuesto a llevar. Se instaló que la única manera de alcanzar a Maradona como el mejor futbolista de la historia era ganando una Copa del Mundo. Una más de las tantas dicotomías que fracturan a la sociedad argentina.

El rosarino, que está a punto de cumplir 31 años, tuvo que convivir con esa presión. Soportó las críticas despiadadas en sus primeros años en la Selección. Hasta que primó el sentido común y la gran mayoría comprendió que sin él, Argentina es un equipo más del montón. Y cuando se hartó y pegó el portazo, explotó el clamor popular para que vuelva.

Con una Selección al borde del abismo y del papelón si queda eliminada en primera ronda, puede que se revalorice el hecho de haber alcanzado tres finales en los últimos años. También será hora de entender que no se cuenta con tantos futbolistas de elite como se piensa. Distinto hay uno solo y se llama Messi.

Un Messi que en Rusia luce abatido y preocupa a toda Argentina.

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