merlin 131892962 7a6dffb9 9028 4008 b0ca 61ab039203d9 master1050En diciembre, durante una noche ventosa e invernal, Anton Dahbura estaba sentado en su sofá en esta ciudad, absorto en un juego de béisbol que se estaba celebrando a 3200 kilómetros de distancia, en México.

Hizo una mueca de desagrado y comenzó a escribir notas. En algunas ocasiones, gritó a las tres pantallas de computadora y televisión que transmitían el partido.

“Espera”, exclamó nervioso cuando el entrenador del equipo que estaba siguiendo de cerca caminó hacia la lomita. “¿Qué está haciendo?”.

De este lado de la frontera había tan solo unos pocos aficionados al béisbol que sabían algo del juego que lo obsesionaba: los Charros de Jalisco en contra de los Venados de Mazatlán. Sin embargo, para Dahbura, un consultor de análisis de datos que contrataron los Charros, ese partido era como el séptimo juego de la Serie Mundial, y su frustración iba en aumento conforme veía cómo, de nueva cuenta, se pasaban por alto los reportes detallados que había preparado a partir de una observación a profundidad de los jugadores de ambos equipos.

“Llega a ser exasperante”, comentó Dahbura, quien también encabeza el grupo de investigación sobre las estadísticas en el béisbol de la Universidad Johns Hopkins. “Hay veces en las que enviamos información específica y solo la ignoran”.

Resulta que Dahbura está en la mitad de un debate típico entre la tradición y la modernidad en el béisbol y en otros deportes, los cuales han batallado por encontrar el equilibrio adecuado entre las estrategias generadas por computadora y la toma de decisiones a la antigua, que proviene de la experiencia y el instinto.

Sin embargo, en este caso, la pelea alcanzó niveles inesperados. Los cálculos que había hecho Dahbura llegaron a ser tan controvertidos que parece que contribuyeron al despido de un entrenador que buscaba usar sus estadísticas y a la contratación de otro de la vieja escuela; era a ese actual mánager a quien Dahbura le gritaba en la pantalla y quien parece reacio a utilizar sus datos.

En Estados Unidos, la marea ha favorecido a los cazadores de datos, cuyos números sugieren nuevas formas de ver y practicar el juego. Pero, al otro lado de la frontera, donde unas cuantas derrotas consecutivas pueden costarle el trabajo al entrenador, suele prevalecer el pensamiento convencional.

“Ha sido un viaje turbulento”, afirmó Édgar González, un exjugador de grandes ligas y directivo de los Charros, quien también es un importante defensor del uso del análisis de datos. “Es totalmente nuevo aquí; ha sido una especie de choque cultural”.

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